Los avisos ignorados por el Ministerio de Transportes
El Ministerio de Transportes, dirigido por Óscar Puente, recibió hasta cuatro advertencias formales por «riesgo de error humano» vinculadas a los controladores ferroviarios antes de que se produjera el siniestro en Urda, Toledo. Aquella colisión entre un AVE de Renfe y un convoy de Iryo dejó un trágico balance de 69 víctimas mortales, un suceso que se enmarca en un contexto de luto nacional tras conocerse la pérdida de la exministra Fátima Báñez, tal como se detalla en el artículo sobre el trágico accidente ferroviario de Toledo y la consiguiente respuesta institucional reflejada en la información donde Felipe VI cancela agenda institucional hasta el jueves por el trágico accidente ferroviario en Toledo.
Estas alertas enviadas por los representantes de los trabajadores no obtuvieron respuesta institucional por parte del organismo competente. Fueron remitidas por escrito a la Agencia Estatal de Seguridad Ferroviaria —entidad directamente dependiente de la cartera ministerial de Puente— durante los meses previos a la catástrofe, concretamente los días 27 de enero, 25 de febrero, 19 de abril y 15 de junio del presente año. Los comunicados partieron de forma conjunta del sindicato Alferro y del Sindicato de Circulación Ferroviario (SCF), que intentaron advertir con antelación de las graves vulnerabilidades operativas presentes en la red ferroviaria nacional.
Fatiga mental y saturación en los centros de regulación
Los avisos remitidos por las organizaciones sindicales señalaban de manera directa y pormenorizada a la insostenible sobrecarga laboral que venían soportando los trabajadores en los Centros de Regulación de Circulación (CRC). Según los textos recogidos en las misivas a las que se ha tenido acceso, existía un evidente y constante «riesgo añadido de poder cometer algún error humano debido a la fatiga mental» acumulada durante los turnos de trabajo. Esta situación crítica derivaba de una peligrosa combinación de factores operativos que incluían la saturación en las cargas de trabajo cotidianas, la presión diaria ejercida sobre los operadores y un incremento exponencial en el número de telefonemas de limitación de velocidad gestionados en las salas.
A este complejo panorama se sumaba una persistente falta de personal de refuerzo en las instalaciones. Desde los sindicatos se denunció reiteradamente que esta carencia estructural impedía materialmente al responsable de circulación levantarse de su puesto de trabajo durante toda la jornada laboral, privándole por completo de cualquier tiempo de descanso efectivo. Las demandas sindicales exigían una reorganización profunda de los turnos y una reestructuración urgente de las plantillas en los CRC de ADIF para garantizar la seguridad en el transporte público.
Críticas a la gestión de ADIF y peticiones de reorganización
Las críticas sobre el funcionamiento interno de la entidad pública se han intensificado notablemente tras los hechos ocurridos en Toledo. Miguel Ángel Uriondo, exdirector del gabinete de presidencia de ADIF en 2020, denunció en el programa de televisión Todo es mentira la existencia de una supuesta purga de técnicos experimentados llevada a cabo en los últimos años dentro del sector público de transporte ferroviario estatal.
Uriondo advirtió públicamente sobre la preocupante pérdida de profesionales especializados y reclamó con firmeza que se devuelva el tamaño y el orgullo técnico a la empresa pública, recordando que este tipo de advertencias comenzaron a sucederse con mayor intensidad tras el previo accidente de Adamuz en Córdoba, que se cobró la vida de 46 personas en el mes de enero. Por su parte, el Ministerio de Transportes ha apuntado inicialmente a un posible error humano individual de los operarios como la causa principal del suceso, una valoración preliminar que ha generado un profundo malestar e indignación en las organizaciones sindicales y profesionales del sector ante la falta de asunción de responsabilidades preventivas previas.
