Una sala de arte contemporáneo única en un municipio rural
La historia de la Sala Robayera de Miengo parece una trama ideada en la ficción, pero responde al empeño personal y a la visión de un pintor y funcionario local. El origen de este singular espacio cultural se remonta a una visita al Ayuntamiento de Miengo para realizar una gestión administrativa. Al percatarse de que los bajos del edificio consistorial albergaban un amplio espacio sin ocupar, el artista propuso al entonces alcalde, Manuel Fernández Molleda, y al concejal de Cultura, Isidro Soberón, aprovechar el lugar para exponer obras pictóricas y dotar al inmueble de un nuevo uso comunitario. Tras aceptar la propuesta municipal, la gran incógnita radicaba en la acogida que los vecinos brindarían a una iniciativa de estas características en un municipio sin tradición expositiva previa.
La inauguración disipó cualquier atisbo de duda al registrar un lleno absoluto. Aquel éxito propició la continuidad de las muestras y consolidó un proyecto que trascendió el ámbito meramente local. Este tipo de propuestas demuestran la importancia de la revitalización del medio rural a través de la cultura, demostrando que los municipios pequeños pueden convertirse en focos de atracción artística de primer orden sin necesidad de ubicarse en grandes capitales de provincia.
De las antiguas escuelas a la participación de referentes del arte español
Durante veintisiete años, Juan Manuel Puente se erigió en el motor indiscutible de la sala ubicada en las antiguas escuelas del municipio. En una primera etapa, el programa expositivo recurrió a creadores locales de valía que el propio gestor conocía. Sin embargo, el proyecto elevó progresivamente sus ambiciones hasta convencer a algunas de las figuras más representativas del panorama artístico nacional de la segunda mitad del siglo XX. Nombres de la talla de Antoni Tàpies, Eduardo Chillida, Rafael Canogar, Juan Muñoz, Cristina Iglesias, Jaume Plensa, Alberto García-Alix, Chema Madoz o Antonio López aceptaron viajar hasta este rincón de Cantabria para mostrar sus creaciones.
La consecución de estos hitos se logró sin contar con un presupuesto municipal destinado a la adquisición de obras. La colección se nutrió exclusivamente de la relación personal, la confianza mutua y una fórmula tan sencilla como audaz: al finalizar cada muestra, Puente preguntaba al artista si estaría dispuesto a donar alguna pieza. Muchos creadores accedieron, entendiendo el fin último de construir un fondo público en un entorno rural. Con el paso de los años, el proyecto ganó tanto prestigio que entre los propios artistas circulaban bromas sobre la exigencia de haber expuesto en Miengo, un lugar que distaba mucho de ser una gran metrópolis como Nueva York.
El futuro de la colección bajo la tutela municipal
En la actualidad, la Colección Robayera pertenece formalmente al Ayuntamiento de Miengo y agrupa cerca de 150 obras que abarcan disciplinas tan diversas como la pintura, el dibujo, la escultura, el grabado, la fotografía y las instalaciones. Esta amalgama de piezas conforma un valioso resumen de la evolución del arte español contemporáneo, reflejando corrientes como la abstracción, la experimentación con la materia y la ruptura con los cánones académicos tradicionales. La etapa de gestión de Juan Manuel Puente concluyó en 2015 tras la exposición del pintor Antonio López, el último año del impulsor al frente de la sala antes de jubilarse.
A pesar del incalculable valor de los fondos acumulados, uno de los límites históricos a los que se ha enfrentado el proyecto ha sido la falta de recursos para su exhibición permanente. Durante años, el director reclamó un espacio museístico estable, lo que provocó que una parte significativa de la colección permaneciera almacenada. Con el relevo en la dirección asumido por Laura Cobo, la institución ha impulsado mejoras sustanciales en las condiciones de conservación de los fondos y ha promovido iniciativas para dar visibilidad a las obras. Exposiciones recientes han emparejado las piezas históricas donadas con creaciones de otros autores, rindiendo homenaje al legado de los artistas y al empeño de un funcionario que logró situar a Miengo en el mapa cultural de España.
