Fallece Cristóbal Colón, impulsor de La Fageda
El tejido empresarial y social catalán ha amanecido consternado tras confirmarse que fallece cristobal colon fundador de la fageda a los 77 años de edad. Psicólogo de formación y firme defensor del poder transformador del trabajo digno, Colón dedicó más de cuatro décadas de su vida a consolidar un modelo pionero de integración para personas con problemas de salud mental y colectivos vulnerables en la comarca gerundense de La Garrotxa. Tras conocerse la noticia, la organización ha decretado dos jornadas de luto oficial que paralizan temporalmente gran parte de su actividad rutinaria, incluyendo el Servicio de Atención al Visitante, la emblemática Granja Cafetería de Olot, las actividades de ocio, el Club Social y la presencia de la entidad en foros externos. Asimismo, la fundación ha habilitado un espacio especial en su plataforma digital para facilitar la despedida institucional y ciudadana, incorporando próximamente un libro digital de condolencias.
Los orígenes y la evolución de un proyecto social pionero
La historia de la entidad se remonta a 1982, cuando el propio Cristóbal Colón, natural de la localidad zaragozana de Zuera, unió fuerzas con su esposa y terapeuta, Carme Jordá, y con el psiquiatra Josep Torrell para llamar a la puerta del entonces alcalde de Olot, Joan Sala. Su objetivo inicial consistía en obtener un local donde arrancar una modesta iniciativa laboral destinada a una quincena de personas afectadas por trastornos mentales graves. Años antes, durante su etapa como mozo en un hospital psiquiátrico de Zaragoza y en sus posteriores responsabilidades en centros de Martorell y Salt, Colón había constatado la pérdida de dignidad que sufrían los pacientes en entornos medicalizados tradicionales. Convencido de que un empleo real devolvía el sentido a sus vidas, sentó las bases de una cooperativa que en 1987 trasladó sus instalaciones a la finca Els Casals, en Santa Pau, junto al singular bosque de la Fageda d’en Jordà.
Impacto socioeconómico y relevo en la cúpula
Lo que comenzó en un antiguo convento cedido por el Ayuntamiento de Olot ha evolucionado hasta convertirse en un complejo ecosistema empresarial y social que factura cerca de 34 millones de euros y genera un valor social integrado superior a los 65 millones, arrojando un retorno estimado de 13 euros por cada euro de origen público recibido. Con una plantilla que reúne a más de 850 personas vinculadas a sus diversas áreas, la organización destaca en la elaboración y comercialización de productos lácteos, yogures, postres, mermeladas y helados, complementados con servicios de jardinería, ganadería y brigadas de limpieza. En paralelo, la entidad gestiona la Escuela de Nuevas Oportunidades Noima, creada junto al consistorio olotense para combatir el abandono escolar juvenil, y recursos residenciales como los hogares El Cassés y El Caliu. En el plano directivo, la organización afrontó una transición ordenada a mediados de 2024 coincidiendo con la jubilación de su histórico impulsor: Josep Maria Bonmatí asumió la presidencia del Patronato y Sílvia Domènech la dirección general, mientras que Colón pasó a ser presidente de honor y centró sus esfuerzos en redactar el ideario corporativo.
Reconocimientos institucionales y despedida
La trayectoria de Cristóbal Colón ha recibido a lo largo de los años numerosas muestras de reconocimiento público, entre las que sobresalen la Creu de Sant Jordi concedida en 2009, el Premi Memorial Lluís Companys o el doctorado honoris causa otorgado en junio de 2024 por la Universitat de Girona, un nombramiento con el que la institución académica destacó la incorporación de la inteligencia emocional al claustro. Tras confirmarse su deceso, las reacciones institucionales no se hicieron esperar. El presidente de la Generalitat, Salvador Illa, subrayó a través de sus canales oficiales que el fundador del proyecto demostró que la inclusión y la dignidad se construyen generando oportunidades reales, calificando la iniciativa de Olot como un estandarte indiscutible de la economía social en Cataluña. Con su partida se cierra una etapa irrepetible, pero queda un legado institucional profundamente arraigado en los valores humanos, económicos y naturales defendidos por su impulsor.
